Argentina, 20-02-02



Agujas, algodones, guantes. Los hospitales porteños, públicos o privados, ya
no podrán incinerar sus residuos patogénicos. Ni en la ciudad ni fuera de
ella. Así lo dispuso por ley la Legislatura, que se hizo eco de esta manera
de los reclamos de Greenpeace: la organización ecologista viene alertando
desde hace meses que la quema de esos desechos genera dioxinas que al ser
liberadas al medio ambiente provocan cáncer. Los hospitales porteños
producen unos 30 mil kilos de residuos patogénicos por día. A partir de
ahora tendrán dos años para implementar sistemas de eliminación de desechos
con métodos que no provoquen daños ambientales ni riesgos en la salud de la
gente.


La norma, que se convirtió en la primera ley sancionada este año, fue
aprobada ayer por unanimidad. En su esencia, introduce en la ya vigente Ley
de Residuos Patogénicos la prohibición de instalar y utilizar hornos o
plantas de incineración para el tratamiento de esos desechos.
Además, quedó prohibida la contratación por parte del gobierno de la ciudad
de "empresas instaladas en otras jurisdicciones que utilicen esta
tecnología".

Esto significa que la mayoría de los hospitales de la ciudad deberán
reconvertir sus sistemas de descarte de la basura tóxica que producen: según
Greenpeace, el 82 por ciento de los centros asistenciales utiliza la vía de
la incineración. Y la mayoría lo hace en el conurbano. De hacerlo se ocupan
en la actualidad empresas dedicadas al rubro que día a día recogen la basura
patogénica de los hospitales y la transportan hacia el Gran Buenos Aires,
donde están ubicados sus hornos.

Precisamente, desde allí surgieron las primeras preocupaciones. Fueron los
vecinos de diferentes distritos del otro lado de la General Paz quienes
empezaron el movimiento de protesta junto con Greenpeace. Según las
denuncias -y las evidencias científicas-, los hornos liberan al medio
ambiente las temibles dioxinas, partículas cancerígenas capaces de
acumularse en el organismo humano.

En Greenpeace estaba ayer exultantes. "Esto es un paso importantísimo en la
dirección correcta para el cuidado del medio ambiente", se entusiasmó
Verónica Odriozola. "Esperemos que no haya ninguna sorpresa y el Ejecutivo
la promulgue tal como fue sancionada", destacó. En realidad, no parece que
eso suceda, ya que la Secretaría de Salud acompaña la idea de eliminar el
cuestionado método.

Por otra parte, Odriozola resaltó el hecho de que la ley, además de prohibir
la incineración en la ciudad, haya vedado el transporte de esos residuos
para quemarlos fuera de sus límites: "Es importante que los legisladores
hayan tenido en cuenta los reclamos de gente que no es de la ciudad pero que
sufre las consecuencias de la incineración".

La norma fue impulsada por los legisladores Beatriz Baltroc (ARI), Juliana
Marino (peronista independiente) y Miguel Doy (Forja 2001). "Más cara que la
reconversión tecnológica que tendremos que hacer son, sin duda, las
consecuencias ambientales que deberíamos afrontar de continuar con la
incineración", aclaró Marino. La vicejefa de Gobierno, Cecilia Felgueras,
que presidió la sesión, remarcó que "la contaminación no es solo un
problemas de malos olores y suciedad sobre las cosas. La contaminación mata.
Y por eso hay que atacarla de inmediato".

Con la nueva ley, ahora se inicia la etapa para que hospitales y clínicas
implementen sistemas de eliminación con tecnología más limpia. "Lo primero
que hay que hacer -aconsejó Odriozola- es disminuir el nivel de producción
de ese tipo de residuos." Según la especialista, en la actualidad no existe
cuidado en los hospitales sobre lo que se tira a la "bolsa roja", la de los
desechos patogénicos: "Por ejemplo, se tira una aguja contaminada, pero
también el packaging, que es basura común. Esa falta de selección eleva
innecesariamente la cantidad de residuos". Al respecto, Marino pidió "un
manejo racional y eficiente de los residuos hospitalarios", para lo cual
"debe profundizarse la capacitación en los establecimientos de salud".

Una vez logrado ese primer paso, deberán implementarse -en el término de dos
años- tecnologías limpias para tratar los desechos. Los nuevos métodos
apuntan a eliminar lo realmente patogénico de esos residuos, es decir, los
virus o bacterias que puedan estar presentes. Los métodos más comunes de
esterilización son por "autoclave" (una combinación de vapor, presión y
calor) y por microondas. Una vez desinfectados, los residuos pueden
disponerse como basura común, ya que no implican peligro alguno.