*** Compilado por RESOL Engenharia LTDA ***

 

CURSO INTERNACIONAL DE DISEÑO DE DISPOSICIÓN

FINAL DE RESIDUOS SÓLIDOS

(RELLENOS SANITARIOS)

1994

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ASPECTOS SOCIALES DEL MANEJO DE LOS

RESIDUOS SÓLIDOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LIC. ROSALBA CRUZ JIMÉNEZ

 

ASPECTOS SOCIALES DEL MANEJO DE LOS RESIDUOS SOLIDOS

Lic. Rosalba Cruz Jiménez

El manejo de los residuos sólidos es un conjunto de servicios de intrínseca naturaleza

social. Esto es, pocos servicios públicos pese a su composición "pública" presentan y requieren tan altos niveles de participación social. El manejo de la basura conlleva un hecho social. Cada persona, cada familia, una colonia, una ciudad, participan directa o indirectamente en la génesis, desarrollo y posterior disposición de sus desechos.

La generación de residuos es un hecho individual que deriva en un proceso acumulativo que involucra a la sociedad en su conjunto. Todos los elementos de la sociedad tienen roles y funciones bien definidas de participación en torno al manejo de los residuos sólidos tanto individual como colectivamente. De los patrones de comportamiento personal se afectan las magnitudes, de las conductas de grupo se definen sus componentes y de todos depende su impacto en el ambiente.

Pese a esta cualidad social inherente, el manejo de los residuos sólidos no ha mostrado una orientada participación de la sociedad de manera generalizada. Diversas son las modalidades y manifestaciones de participación que se requieren. De manera individual, es necesario actuar para generar menos residuos

En los casos cuando se han dado manifestaciones importantes, éstas se refieren a aspectos particulares con características muy específicas, que convendría analizar como estudio de caso a fin de identificar modalidades que han dado resultado y bajo qué condiciones éstas se han generado.

Por lo anterior se concluye que todo elemento de política de mejoramiento del manejo de los residuos sólidos debe tomar corno uno de los elementos básicos la orientación de participación social.

Se pueden distinguir tres etapas en la participación ciudadana en relación al manejo de los residuos sólidos. La forma más avanzada de estas etapas es la participación individual, la actitud consiente de cada persona en favor de una racionalidad en la generación de residuos, buscando generar la menor basura posible o quizá orientándose hacia el ideal ecologista de no generar residuos. En esta etapa se encuentra ubicado también el proceso de selección o separación en la fuente.

Esta etapa en la actualidad tiene pocas posibilidades de éxito si se le considera como un hecho generalizado. En la mayoría de las ciudades en las que ya se puede hablar de esta etapa se manifiesta como hechos poco sistemáticos y más bien de carácter zonal, regional o local, sin poder extender todavía su alcance al entero de las localidades.

Una segunda etapa de transición, pero muy importante ejercicio cívico urbano, lo constituye la participación social de grupo, orientada a fortalecer y mejorar los vínculos de la ciudadanía como grupo con los servicios inherente al manejo de los residuos sólidos. En general esta etapa se orienta a superar el reto que representa la aceptación de la infraestructura del servicio en un entorno determinado. El fenómeno mundial relacionado con las siglas NIMBY, no en mi patio, ha sido uno de los factores que mayormente han condicionado la evolución del servicio o en su caso han incrementado su costo a límites que ciudades de economías en desarrollo difícilmente pueden sufragar.

Este nivel como paso intermedio en la actualidad constituye la forma de participación social más importante, en ciudades que como la nuestra que empiezan un proceso de desarrollo, en donde la infraestructura básica se convierte en la plataforma de despegue de toda política o de la instrumentación de acciones de mejoramiento.

Esta etapa representa un reto a las autoridades e implica transformaciones de fondo tanto en los conceptos como en la definición de sistemas y procedimientos.

Lo anterior significa un cambio en las prácticas administrativas y una revisión a las condiciones del manejo de los residuos sólidos.

El primer obstáculo que enfrenta la participación ciudadana es la asociación peyorativa de la basura en su manejo. Efectivamente, a lo largo de los años en nuestras ciudades el manejo se había mantenido en condiciones de rezago con respecto a otros servicios urbanos. Presupuestal, administrativa y operativamente no se consideraba como servicio prioritario, lo que institucionalmente condicionó su manejo y sus impactos en el entorno social y en el ambiente.

En el caso de la ciudad de México la memoria urbana registra hasta hace muy pocos años las grandes montañas de basura en los tiraderos, el desprendimiento de olores y gases, la proliferación de fauna nociva en su alrededor, las escenas de ventas de subproductos. Situaciones semejantes se grabaron en la población en torno a las antiguas estaciones de transferencia.

Ante este panorama toda acción de exhortación de cambio se enfrentaba a la resistencia natural de la ciudadanía, convirtiéndose la participación de grupo en un rechazo total a sus nuevas construcciones y a la operación de las ya existentes.

Por otra parte, existía una firme convicción de cambio. Los grandes requerimientos ambientales de la Ciudad de México, la dinámica urbana y la existencia de grandes déficits a nuevas formas de manejo y administración, en donde la conformación de infraestructura básica representaba el papel más importante. Y éste constituía paradójicamente el mayor concepto de oposición de la ciudadanía.

Derivado de lo anterior, fue necesario instrumentar políticas o acciones concretas para lograr el apoyo ciudadano para estas acciones que actualmente constituyen uno de los elementos variables más importantes en el manejo de los residuos sólidos de ésta capital.

Esta concepción implicó lo siguiente:

- Considerar el manejo de los residuos sólidos como prioritario, eliminando la asociación peyorativa de la basura a las prácticas institucionales, presupuestases, administrativas, etc.

- Conferirle al manejo de la basura características ambientales, sanitarias, de funcionalidad y de imagen urbana.

- Iniciar acciones para conformar casos ejemplos de operación controlada con las características antes señaladas para contar con efectos demostración efectivos.

- Establecer compromisos y responsabilidades específicas de las autoridades; y derechos y obligaciones de los habitantes.

- Establecer un mecanismo de trabajo social urbano para atender las demandas, dar respuesta a dudas y en general explicar el contenido y alcances de las acciones específicas a diferentes niveles, individual, familiar, grupal, regional, etc.

- Formar comités de vigilancia ciudadana para controlar los impactos al ambiente, los efectos en el entorne urbano, la funcionalidad vial y la imagen de las instalaciones.

Todas esta consideraciones se sustentaban en una efectiva convicción política de mejorar el manejo de los residuos sólidos asumiendo compromisos que definitivamente deberían instrumentarse, viéndose resultados en el corto plazo que paulatinamente lograrían la aceptación de la población a la infraestructura básica.

Grandes fueron los esfuerzos de concertación, múltiples demandas que atender y responder, pero finalmente, los habitantes de la ciudad de México y las autoridades han ido ejercitando nuevas formas de relación en el manejo de los residuos sólidos y con ello se ha venido conformando la infraestructura básica para alcanzar nuevos estadios de desarrollo y así contar con la plataforma para atender formas más avanzadas de participación social.

Finalmente, la tercera etapa de participación se refiere al nivel inicial de ubicación y concientización del problema, a la etapa de conocimiento básico a la aceptación y disposición para conocer el problema.

Esta es una fase que paralelamente se ha trabajado a nivel de unidad básica y de alguna forma de comunicación masiva.

Es por ello que a continuación se presenta una muestra de los mecanismos utilizados para estimular la participación de la población en el apoyo a la construcción y operación de estaciones de transferencia.

Un ejemplo de caso podría ilustrar este proceso, para lo cual mencionaremos la construcción de la Estación de Transferencia Tlalpan.

La Ciudad de México está constituida por 16 delegaciones políticas que en conjunto suman una extensión de 1499 km2 con una población de 8'235,744 habitantes.

Al sur de la ciudad se localiza la delegación Tlalpan, la cual cuenta con una superficie de 312 km2, que la convierte en la Delegación más extensa, y representa 20.8 % del territorio del Distrito Federal. Limita al norte con las delegaciones Alvaro Obregón y Coyoacán, al este con Xochimilco y Milpa Alta, al sur con el estado de Morelos y al oeste con el estado de México y la delegación Magdalena Contreras. Los principales componentes cismáticos como la temperatura y la humedad están condicionados por la presencia de sierras Ajusco y Xitle, sitios que por su riqueza forestal constituyen reservas de fauna y flora y actúan aunque cada vez menos, como equilibradores del clima dentro de la cuenca del valle de México. Estos sitios son parte de la reserva ecológica considerados como parques nacionales.

La delegación comprende 8 pueblos, 7 barrios, 143 colonias, que integran 104,292 viviendas. El 70% del territorio pertenece a comuneros, el 17% a particulares, el 10% al Gobierno Federal y el 3% a ejidatarios. Tiene una población de 484,866 habitantes que generan alrededor de 681 toneladas día de residuos sólidos.

- En la década de los 80's esta delegación presentaba una problemática de gran envergadura al albergar un tiradero a cielo abierto en las inmediaciones del Ajusco, lo que condicionó por años el manejo de los residuos; además de contar con una recolección ineficiente motivada por los largos recorridos que realizaban los camiones recolectores- hasta 34 km de ida y vuelta -, ya que por carecer de una estación de transferencia, se veían obligados a depositar sus residuos en las estaciones de Xochimilco y Coyoacán.

 

En este, sentido, las autoridades de Departamento del Distrito Federal iniciaron un análisis sobre la problemática existente en donde se determinó la necesidad de construir una estación de transferencia.

Es así como se realizan los estudios preliminares que permiten identificar que la ubicación más adecuada para la construcción de la estación, es en el kilómetro 5.5 de la carretera Picacho- Ajusco por las características topográficas que presenta este lugar, como son: un gran sistema de elevaciones de origen volcánico con un alto grado de fractura, acumulación de roca volcánica que forma depósitos de gran espesor y en general las texturas son del tipo francoarenoso, la consistencia suelta pulverulenta y friable cuando los suelos están muy secos.

No obstante en sus inicios de edificación se empiezan a dar manifestaciones sociales en contra de su construcción, participando en estas desde asociaciones de colonos, padres de familia hasta grupos ecologistas que pertenecen a estratos socioeconómicos distintos y la existencia de una escuela privada que condicionaba su instalación.

Esta situación obligó a las autoridades a llevar a cabo un amplio programa de difusión y concertación con los distintos grupos sociales, que consistió desde pláticas personales, visitas a escuelas, programas de radio y juntas locales con apoyo de material didáctico: láminas, maquetas, trípticos, entre otros, explicándoles claramente en que consistía la instalación de este tipo de infraestructura. Asimismo, se les otorgó información respecto a los beneficios adicionales que obtendrían con obras complementarias como pavimentación de calles, incorporación de un tercer carril vial en la carretera Picacho- Ajusco, áreas arboladas, estacionamiento para el Colegio de México, etc.; además de concientizarlos de que se requería mejorar los sistemas de manejo de los residuos que se estaban convirtiendo en un grave problema en la zona.

Derivado de lo anterior se creó un comité de vigilancia integrado principalmente por representantes de los distintos grupos involucrados, el cual tenía como finalidad llevar a cabo la supervisión y vigilancia de las emisiones al ambiente, el funcionamiento vial y los aspectos al entorno.

Bajo este contexto se definió la construcción de la Estación de Transferencia Tlalpan, con los criterios y especificaciones acorde a los requerimientos de operación y a las demandas ciudadanas.

La Estación de Transferencia Tlalpan con una capacidad instalada de 700 toneladas día, comprende una superficie total de 25,000 m2 de los cuales 15,000 m2 se destinaron a áreas verdes y a la creación de un pequeño bosque que, junto con los árboles de la zona, demandaron la plantación de 1,000 árboles así corno de cientos de plantas y flores.

Para evitar posibles encolamientos de vehículos recolectores fuera de la estación así como para agilizar el tráfico vehicular, se construyeron 5,000 m2 de vialidad interna.

La estación cuenta con instalaciones totalmente cubiertas con lámina multipanel; muros de block para amortiguamiento de ruidos; tolvas para la descarga de residuos con dispositivos atomizadores para contrarrestar la emisión de polvos y olores; sistemas de depuración de aire; sistema hidroneumático para lavado y riego y cisternas de agua potable y de agua tratada para riego y lavado, elementos técnicos y ecológicos de avanzada que le da una presencia urbanística más estética acorde a las características de la zona.

Además, cuenta con barda perimetral, rampas de entrada y salida de recolectores, taller de mantenimiento, área administrativa, estacionamiento y sanitarios.

Posterior a la Estación de Transferencia Tlalpan, y siguiendo los Mismos criterios empleados, se construyeron las estaciones Alvaro Obregón y Central de Abasto II, así como la rehabilitación de las existentes en Coyoacán, Venustiano Carranza, Miguel hidalgo y Central de Abasto I.

 

 

 

 

 

 

 

 

"--------------=Legislação para limpeza Urbana=----------"