media
Una mujer tira su basura delante de los voluntarios, en Shanghái, el 2 de julio de 2019. REUTERS/Aly Song

 

Shanghái, la ciudad más poblada del mundo –con más de 24 millones de habitantes– es también una de las que más basura producen, con nueve millones de toneladas al año, de las cuales sólo el 20% se recicla. Lanzó un importante programa de reciclaje el 1 de julio, con cuatro botes de basura diferentes y reglas un tanto complicadas.

Un reportaje de Simon Leplâtre, corresponsal en Shanghái.

Muchos residentes todavía tienen dudas: la carne va a parar a los residuos “húmedos” –es decir orgánicos– pero ¿a dónde van los huesos? Respuesta: los huesos de los animales pequeños como las aves de corral pueden pasar a los residuos orgánicos, porque se descomponen más fácilmente, pero los huesos de cerdo o de ternera van a la incineradora.

 
 

Ahora, hay cuatro contenedores en las residencias de Shanghái: reciclables, residuos húmedos, residuos secos no reciclables y, por último, residuos peligrosos como las baterías eléctricas.

La principal novedad es el contenedor para residuos orgánicos, que deben ser transformados en compost o producir biogás. Los otros contenedores ya existían antes, pero no funcionaban. Esta vez, la ciudad está determinada a cambiar las cosas.

Formar a 24 millones de personas a separar residuos

Con el fin de dotarse de los medios para alcanzar su meta, Shanghái ha contratado a 1.700 instructores y ha organizado 13.000 sesiones de formación. Pero además, la ciudad puede contar con una sólida red de voluntarios de los comités de barrio, que están allí para explicar a los residentes cómo separar los residuos.

Probablemente se necesite algo de tiempo para que todo el mundo juega el juego, pero algunas residencias formaron parte de las zonas piloto, donde el sistema se puso en marcha un año antes, y ya se puede hacer un primer balance.

Recompensas y multas

Al principio, según los residentes, es un poco molesto porque ya no se puede tirar la basura en cualquier momento: los contenedores están abiertos sólo tres horas por la mañana y tres horas por la tarde y se tira los desechos en presencia de los voluntarios. Eso, incluso después de un año, lo que significa que las autoridades todavía no confían en la gente. Pero uno se acostumbra y termina funcionando bastante bien.

Para fomentarlo, también existe un sistema de recompensas: los residentes ganan puntos cada vez que clasifican bien, puntos que pueden convertirse en jabón y pañuelos.

Para los que clasifican mal, sin embargo, la ciudad prevé hasta 200 yuanes de multa, es decir 25 euros, para los particulares. Una sanción que puede ir hasta 60.000 euros para las empresas.