La economía circular ha dejado de ser una idea bonita para convertirse en una necesidad diaria. Durante décadas hemos vivido con un modelo muy simple, extraer recursos, fabricar, usar y tirar. El problema es que ese camino ya muestra sus consecuencias en forma de residuos, contaminación, pérdida de biodiversidad y una presión enorme sobre materias primas que no son infinitas.
Ahora Europa quiere acelerar el cambio. La Comisión Europea prepara una nueva Ley de Economía Circular para el tercer trimestre de 2026, dentro de una estrategia que busca aumentar el uso de materiales reciclados de calidad y reducir la dependencia de recursos críticos. Pero hay una parte que no depende solo de Bruselas. También depende de lo que hacemos al comprar, reparar, reutilizar o separar residuos en casa. Y eso, aunque parezca pequeño, cuenta mucho.