El Airbus A380, cuya producción cesó en 2021, vive una segunda vida más rentable de lo esperado: sus fuselajes retirados alimentan un mercado de repuestos certificados que genera millones de dólares para mantener operativas las 175 unidades aún en vuelo. Los retrasos del Boeing 777X hasta 2026 obligan a las aerolíneas a prolongar la vida del gigante europeo, disparando la demanda de componentes como los motores Rolls-Royce Trent 900 o trenes de aterrizaje que alcanzan varios millones en el mercado secundario. Lo que fue un fracaso comercial se ha convertido, paradójicamente, en un caso de manual sobre cómo la economía circular transforma el desguace industrial en una cadena de valor crítica.
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El A380 como yacimiento: la economía del reciclaje aeroespacial
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