Waste not, want not: the future of Energy from Waste

A common complaint of the grumpy middle-aged European academic is the creeping Americanisation of language. An example often cited is ‘garbage’, although the pedants amongst us know that garbage was originally an English word that went to America with the pilgrims on the Mayflower and has only recently come back to its mother country via the medium of television. I was musing on this whilst watching an American program on the Discovery channel about Roman ‘garbage’ dumps and hence the inevitable segue into a blog about rubbish.

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La economía circular ha dejado de ser una idea bonita para convertirse en una necesidad diaria. Durante décadas hemos vivido con un modelo muy simple, extraer recursos, fabricar, usar y tirar. El problema es que ese camino ya muestra sus consecuencias en forma de residuos, contaminación, pérdida de biodiversidad y una presión enorme sobre materias primas que no son infinitas. Ahora Europa quiere acelerar el cambio. La Comisión Europea prepara una nueva Ley de Economía Circular para el tercer trimestre de 2026, dentro de una estrategia que busca aumentar el uso de materiales reciclados de calidad y reducir la dependencia de recursos críticos. Pero hay una parte que no depende solo de Bruselas. También depende de lo que hacemos al comprar, reparar, reutilizar o separar residuos en casa. Y eso, aunque parezca pequeño, cuenta mucho.